miércoles, 8 de septiembre de 2010

La Historia del Piloto

     Dicen que era un piloto experimentado. Con muchas horas de vuelo en su haber. No obstante, nunca había tenido una experiencia semejante.

     Sobrevolaba el océano con avioneta a hélice cuando lo sorprendió un ruido extraño debajo del asiento. Una inmensa rata correteaba entre sus pies. Fueron los los minutos más patéticos de su carrera como piloto aéreo. Un sudor frío recorrió su espalda mientras buscaba con desesperación un lugar donde llevar a cabo un aterrizaje de emergencia, detalle bastante dificil si tenemos en cuenta que volaba sobre el mar.

     Y fue entonces que se le ocurrió un plan alternativo.

     En vez de buscar un sitio para aterrizar, decidió remontarse a una mayor altura. Se elevó por encima de lo que jamás había volado, y la rata, que no soportó la presurización, murió en el acto.

    Hubiese dado cualquier cosa porque alguien me contara ésta historia cuando era más joven. Cuando estaba pendiente de todas las críticas. Cuando me importaba demasiado el "qué dirán". Supongo que de haber oído La Historia del Piloto hubiera logrado mucho más de lo que el Señor me demandaba por aquel entonces.

     Siempre existirán las críticas constructivas y serán bienvenidas. Sin embargo, también estarán los roedores, aquellos que solo corretean entre los pies de los que andan en las alturas.

     Por algo el genial Maxwell dice: "Cuando quieras emprender algo, habrá mucha gente que te dirá que no lo hagas, cuando vean que no te pueden detener, te dirán como lo tienes que hacer, y cuando finalmente vean que lo has logrado, dirán que siempre creyeron en ti".

     A esos miles de pioneros, a los que pagan el precio de la crítica, a los que viven diez años adelantados, a los que están a la vanguardia, a los que se arriesgan una milla extra,a los que no miden los costos, a los que provocan los éxitos... a todos ellos, les dedicamos esta historia.

     Cuando sientas a los roedores, sube más alto.

     Las ratas nunca soportarán la altura.


Autor: Dante Gebel